Centros clandestinos de detención en Cipolletti y Cutral Có


GuayasaminDesde hoy, jueves 30 de mayo de 2013, quedarán marcadas dos comisarías actualmente en funcionamiento, que durante los años de la represión cívico-militar que dominó los setentas funcionaron como centros clandestinos de detención y tortura en las ciudades de Cipolletti y Cutral Có. A continuación, comparto un breve extracto de la tesis de mi autoría titulada La Norpatagonia argentina bajo la Doctrina de Seguridad Nacional. Represión, dictadura y juicios de lesa humanidad: la causa Reinhold,  que describe esos lugares.

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Los centros clandestinos de detención de la Subzona 52

Como señalara, las comisarías de Cipolletti y Cutral Co, la delegación neuquina de la Policía Federal y la Escuela de Instrucción Andina en Bariloche se transformarían la noche misma del golpe en centros clandestinos de detención y tortura (CCDT). Podríamos cambiar de lugar el adjetivo y decir que fueron en realidad centros de detención clandestina, colocando la condición de clandestinidad en la forma en que se mantenían allí a los detenidos, más que propiamente al lugar que sirvió como tal. Como fuere, su característica ante los campos de concentración es que se trató de lugares de algún modo públicos -quizá menos la Escuela de Instrucción Andina, que estaba emplazada en el medio de un predio militar-, que todo el mundo conocía y tenía identificados. Las personas detenidas eran ingresadas por la puerta principal, esposadas y con la cara descubierta; la rutina diaria parecía no alterarse a pesar de las acciones ilegales y clandestinas que allí se llevaban a cabo. El movimiento normal del personal de la institución no se interrumpía, quienes continuaban con sus tareas administrativas habituales, incluso atendiendo al público. Muchos de los integrantes de las patotas o grupos de tarea que se encargaban de los secuestros y detenciones eran miembros de esas instituciones, conocidos o luego identificados por sus víctimas una vez liberadas. Las localidades donde estaban emplazadas eran pequeñas -incluida la capital neuquina, que para entonces tenía poco más de 80.000 habitantes- y no fue casual que quien había sido vecino luego se convirtiera en represor. Desde que ingresaban, los detenidos y secuestrados eran llevados a alguna oficina, patio o sótano -como veremos en el caso de la Policía Federal-, interrogados por sus actividades políticas o por personas vinculadas a alguna organización, mientras eran golpeados o torturados salvajemente sin excepción. Su ingreso no quedaba registrado y su permanencia allí podía durar desde unas pocas horas hasta varios días, cuando finalmente eran liberados, trasladados a la U9 del SPF  o destinados a algún otro centro de detención. Su estancia en esos lugares fue siempre negada a los familiares que allí se dirigían para averiguar por ellos, aunque en ocasiones se les daba a entender que estaban allí detenidos y que prontamente serían dejados en libertad. A diferencia de La Escuelita, por ejemplo, la cual entonces sólo se conocía por rumores y a la que nadie tenía acceso salvo el personal que allí actuaba, los centros clandestinos de detención que refiero tenían cierta exposición. Las propias víctimas sobrevivientes sabían exactamente dónde se encontraban detenidas e incluso quién o quiénes participaban de sus interrogatorios y torturas, y así pudieron atestiguarlo.

Pero aun así fueron clandestinos, terroríficos e indispensables en el entramado represivo puesto en funcionamiento. Veamos sumariamente cada uno de estos lugares.

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El CCDT Comisaría 24ª de Cipolletti 

El responsable de esta dependencia (ya entonces ubicada en Roca 550 de esa ciudad, donde hoy se encuentra la Comisaría 4°) fue, desde 1975, el comisario Antonio Alberto Camarelli,  quien por su actuación en el plan de exterminio recibió a fines de 2012 una condena de 10 años de prisión. Fue sucedido en su cargo por el comisario Alberto Mario Marasco. Si bien el funcionamiento intensivo de esta comisaría como centro clandestino de detención data desde el momento del golpe, sus instalaciones ya habían sido utilizadas como tales y su personal se había “entrenado” en este tipo de actividades represivas desde 1975, a partir de razzias y operativos de detención en cumplimiento de la ley 20840 que reprimía las “actividades subversivas”.

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Fueron intensas las tareas de inteligencia indispensables para la perpetración del proyecto represivo, las cuales contaron con la participación del personal de la comisaría.

Hubo desde ese lugar, por ejemplo, todo un trabajo de espionaje y persecución de trabajadores del Hospital Cipolletti que impulsaban y defendían –desde su militancia en la Juventud Peronista- el Plan de Salud que desde 1973 implementaba en la provincia el gobierno de Mario Franco. El Plan de Salud, y sus precursores e impulsores, fue uno de los objetivos a eliminar por la dictadura, que veía en estas políticas progresistas elementos propios de la subversión. Tales fueron los casos Raúl Sotto, Oscar Dionisio Contreras, Alicia Sotto y Juan Domingo Pailos, quienes denunciaron haber aparecido en listados que los calificaban como subversivos, y fueron detenidos ilegalmente por personal de la Comisaría 24 y alojados clandestinamente en ese lugar una vez concretado el golpe, salvo Alicia Sotto quién sí fue obligada a renunciar a su trabajo (Cfr. Actas de Juicio Causa Luera; Requerimiento de Elevación a Juicio 2011).

Todo esto se incrementaría notablemente luego del 24 de marzo y con el asiento en esta comisaría de la jefatura de la Subárea 5212 a cargo del Teniente Vitón. Numerosos casos son los que atestiguan la inserción de esta dependencia y su personal en el plan represivo, algunos de ellos recientemente ventilados en el juicio oral de 2012. Raúl Sotto fue uno de ellos. Militante de la JP. ingresó en 1973 a trabajar al Hospital de Cipolletti junto con la implementación del Plan de Salud, al cual adhirió y defendió. Por ese motivo fue sindicado como subversivo. Luego del golpe, fue primero detenido por agentes de la Policía Federal, trasladado a la Delegación en Neuquén e interrogado por su militancia y liberado. Días más tarde le es allanada su casa por fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía, y finalmente es secuestrado.

Me van a buscar la policía provincial junto con el ejército, y me llevan a la comisaría de Cipolletti. Ahí había mucha gente presa, a algunos los conocía. Entre ellos estaban los hermanos Pailos (…). Nos tienen detenidos ahí, nos interrogan. En ciertas circunstancias me hacen tirar al piso, me esposan y no se si una o dos personas se me paran arriba, y llevan un fuentón con agua. No se si el oficial o suboficial (Saturnino) Martinez, yo en ese momento era joven y tenía el cabello largo, me agarra de los pelos y me zambullía en el fuentón. Hasta que no aguantaba más y no se cómo hacía pero se caía el fuentón con agua y se caían los que estaban arriba mío. (…). Como consecuencia de eso se me revienta el tímpano. (…). Recuerdo que más tarde el oficial Del Magro me dice “dale boludo, cantá la justa. Mirá cómo tenés el oído”. No recuerdo si estuve como una semana. (Declaración de Raúl Sotto en TOCF 2012)

Oscar Dionisio Contreras también fue detenido pocos días después del golpe de Estado, y llevado a este centro clandestino de detención:

Durante el tiempo que estuve en la Comisaría nos sacaban con Raúl (Sotto) al patio de la misma, nos ponían contra la pared y nos golpeaban las espaldas con el Fal. Identifiqué en ese momento al Oficial Villalobos. Mientras a mi me golpeaban las piernas a Raúl Sotto le sumergían la cabeza en un balde de agua. No me interrogaron en los momentos en que me golpeaban, sí nos agraviaban y nos insultaban diciéndonos “porque no gritás viva Perón ahora?”. No recuerdo el tiempo que estuve detenido, fue más de una semana, pero no puedo precisar cuánto, solo sé que el peregrinar de mi mujer fue mucho” (Declaración testimonial de Oscar Dionisio Contreras en FFGR 2008)

Así cómo Sotto y Contreras, quienes también sufrieron un derrotero similiar –y en coincidencia temporal con ellos- fueron los hermanos Roberto Manuel, Juan Domingo, Jorge Rodolfo y Julio Eduardo Pailos, cuyos casos aún no han sido ventilados en juicio oral, aunque dos de ellos sí declararon como testigos ya en el debate realizado durante 2012. Tal como acusa el Requerimiento Fiscal de Elevación a Juicio de la tercera etapa de la causa al referirse, por ejemplo, al caso de Roberto Manuel Pailos,

Mientras permaneció allí detenido en varias oportunidades fue sacado del calabozo y llevado junto con otras víctimas al paraje “El Treinta”, lugar donde les ordenaban que desenterraran armas supuestamente escondidas y luego los instaban a correr diciéndoles que estaban en libertad. También durante su detención en Cipolletti fue llevado al patio de su casa, donde fue obligado a excavar en la tierra buscando armas, bajo insultos y amenazas. Asimismo, en instalaciones de la Comisaría 24ª fue golpeado por Enerio Huircaín, quien para ello se envolvía la mano con una correa de cuero, y por Angel Mamani, Villalobos y Martínez, mientras era interrogado acerca de dónde estaban las armas y lo acusaban de haber matado a un policía. Estas sesiones eran observadas por Miguel Angel Quiñones, y en una de ellas fue tirado contra el suelo y se le quebró la clavícula. También escuchaba cuando sus hermanos y otras víctimas eran torturados (Requerimiento FFN 2011, 71/72)

Son muchas más las víctimas que denunciaron haber sido trasladadas a esta comisaría, interrogadas y/o torturadas por su personal. Muchas de ellas fueron liberadas, y algunas fueron luego trasladadas posteriormente a La Escuelita, como sucedió con Roberto Liberatore, Carlos Kristensen, José Antonio Giménez, Carlos De Fillipis y José Luis Albanesi.

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El CCDT Comisaría 4° de Cutral Có

Su existencia en tanto centro clandestino de detención fue fugaz, pero suficientemente intensa como para que sea considerada sin lugar a dudas como tal. Una particularidad que, además, refuerza la diferenciación planteada respecto a este tipo de lugares -en los que se detuvo ilegalmente a personas, se las retuvo de manera clandestina e incomunicada y se las sometió a duros tormentos e interrogatorios bajo torturas, pero su existencia como tales fue relativamente efímera, las víctimas estuvieron allí de paso y no quedaron “concentradas” por un largo período de tiempo antes de ser trasladadas a otro lugar-  con la modalidad propia de los campos de concentración. La Comisaría 4° de Cutral Có se encontraba ubicada en el mismo lugar en el que hoy se emplaza la Comisaría 14°, en Carlos H. Rodríguez 70 de esa ciudad. Una casa, tipo chalet, a la que todo el pueblo conocía tanto como a sus agentes y autoridades. Cutral Có tenía entonces alrededor de 20.000 habitantes, y las descripciones dadas por los testimonios que se registran en la causa dan cuenta de cierto clima de confianza y cercanía que había entre los vecinos de esa localidad. Gracias a esto fue posible que víctimas y familiares pudieran reconocer claramente dónde fueron alojados luego de los secuestros que sirvieron de debut a esta comisaría como centro clandestino de detención y tortura, así como a algunos de los que participaron de las detenciones y secuestros que vivían en ese lugar. También, gracias a esta particularidad fue posible que las víctimas se reconocieran mutuamente, y que eso quedara plasmado en los testimonios de los sobrevivientes Y decía que fue fugaz, porque su rol clandestino duró sólo tres días, de la tarde noche del sábado 12, al amanecer del martes 15 de junio de 1976. Fue en ese período cuando se llevó cabo el denominado Operativo Cutral Có.

Durante este operativo (…) fueron detenidas ilegalmente un número indeterminado de personas, diecisiete de las cuales se encuentran actualmente individualizadas. Todas ellas fueron conducidas luego de sus secuestros a la Comisaría 4°, y la mayoría fue interrogada y torturada en ese lugar. Se perpetró incluso, en ese lugar, la violación de una de las jóvenes secuestradas.

Cuando iba ingresando a la comisaría reconocí a algunas personas de las que estaban allí detenidas, por ejemplo a Miguel Pincheira y Sergio Méndez y a otras que estaban de cara a la pared. Además, había otras personas que se movían como si fueran del lugar. Me pusieron de cara contra una pared con las manos en la misma, junto a los otros detenidos, y empezaron a pegarme en los tobillos para abrirme las piernas. Después me llevaron a una habitación (…) en la que había unos doce oficiales de la policía local. El comisario de Cutral Có –al cual reconocí-  estaba en la cabecera de la mesa, en el extremo opuesto me hicieron arrodillar a mí con el mentón sobre el borde de la mesa, y me preguntaron por personas mientras me vendaban los ojos y empezaron a golpearme. Como no decía nada me seguían pegando, me dieron con la culata de una pistola, patadas, me golpearon los testículos. (…). (Declaración de Pedro Maidana ante la APDH Neuquén, presentada ante la CLDH el 31/08/84)

El responsable de esa dependencia, a quien no sólo las víctimas sobrevivientes reconocieron durante las sesiones de tortura sino que su presencia en ese lugar quedó registrada en el Libro de Novedades de la seccional, era el comisario Héctor Mendoza, actualmente procesado en la Causa Reinhold luego de estar varios años prófugo de la justicia.  El subcomisario Agustín Meza también participó de los hechos represivos ocurridos en estos días –estuvo presente también en la comisaría durante la etapa más intensa del operativo, junto con Mendoza, de manera ininterrumpida por más de 24 horas, retirándose ambos del lugar una vez finalizado el operativo (Libro de Guardia Comisaría Cutral Có). Sin embargo, y a pesar de que se encuentra imputado por la Fiscalía Federal, aún no ha sido procesado.

Una vez más, y a diferencia de La Escuelita, las personas secuestradas fueron trasladadas a este centro clandestino de detención con la cara descubierta, sin vendas en los ojos y con la posibilidad de ver bien a dónde estaban yendo llevadas. Esto fue a tal punto así, que algunas de las víctimas de ese operativo fueron detenidas bajo el pretexto de tomarles declaración en la comisaría, por personal uniformado de esa dependencia, como le sucedió a Dora Seguel:

Dos días después de que se llevaran a mi hermana, a mi me van a retirar de la escuela (…). Me va a buscar un celador al curso, me dice que me necesitaban en Dirección. (…) el señor Mario Gercek (director del colegio) bastante apesadumbrado me dice, “te busca la policía, te tienen que llevar”. Yo le digo “soy menor de edad, usted no puede permitir que me saquen de la escuela”, a lo que él respondió que estaba el policía Vizcarra, y que en la camioneta de la policía está tu papá dando la autorización. Y tuve que irme. (…). Salgo hasta la vereda, llego a la camioneta de la policía y en la parte de atrás del celular estaba mi papá. (…). Me suben a la camioneta, y un policía cuyo nombre no recuerdo me manoseó horriblemente. (…). Arranca el auto y nos llevan a la comisaría. (Declaración de Dora Seguel en TOCF 2012)

En ese lugar Dora es introducida inmediatamente a una oficina, donde también fue torturada e interrogada sobre su militancia y la de su hermana Arlene, quien también fue secuestrada en esa redada y aún permanece desaparecida.

Luego del 15 de junio de 1976, la Comisaría 4° de Cutral Có dejó de ser utilizada, al menos intensiva o sistemáticamente y según los casos denunciados, como centro clandestino de detención. En septiembre de 1977, por ejemplo, se realizó otro operativo de secuestros en aquella localidad, de menor intensidad al que acabo de referir. Pero en este caso, las personas secuestradas fueron trasladadas directamente a la capital neuquina, y no pasaron por aquel lugar. Asimismo, el número de víctimas fue menor -podemos calcular que fueron poco más de seis, según la prueba reunida hasta el momento en la causa judicial-  y quizá por esto se prescindió de usar la comisaría como base de operaciones. Hay indicios que permiten inferir que fue un mismo grupo de tareas el que realizó todas las detenciones de esa noche, subió a sus víctimas en uno o dos camiones (Unimogs) del Ejército y las trasladó directamente a Neuquén. A diferencia del anterior, no habría habido necesidad de dirigir las acciones desde una base local, como fue el caso de junio de 1976 donde, según la lógica represiva, “el objetivo” estaba disperso en distintos colegios o en casas no claramente identificadas, en el cual era necesario coordinar el accionar de distintas fuerzas (Ejército, Policía Federal y Provincial) y en el que fue necesario obtener información para completar el operativo a fuerza de interrogatorios bajo torturas que era necesario realizar en una determinada base de operaciones. Y para ello, la Comisaría 4° se convertiría en el lugar ideal.

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