Un plan para eliminar al PRT-ERP del Comahue (revisitado)


Ricardo Carpani – Conciencia

Entre el 9 y el 15 de junio de 1976 el Ejército comandó uno de los operativos represivos más impactantes que se llevaran a cabo durante la última dictadura militar. Al menos 32 hombres y mujeres fueron secuestrados/as durante un raid delictivo que abarcó a Neuquén, Cinco Saltos, Cipolleti y Cutral Có. El objetivo: desmantelar una célula del PRT-ERP que, en la hipótesis castrense, operaba entre el Alto Valle y la comarca petrolera. Lo que aquí se presenta es una breve crónica de aquellos días, sobre la que volví después de un tiempo de reflexionar acerca de lo que se puede y no se puede decir.

 

“Hay cosas que son indecibles en todo lo que te proponés investigar”, me dijo hace tiempo un profesor. No comprendí entonces a qué se refería, hasta que comencé a publicar algunos avances de mis pesquisas. Uno de ellos, editado bajo este mismo título en (8300) Web en junio de 2011. ¿Qué era eso indecible, aquello que no se podía decir? Cuando lo mencionó, pensé que se refería a temas que podrían significar algún tipo de riesgo personal, un riesgo que provendría de parte de los represores; no imaginé entonces que en realidad pudo haberse referido a lo que podía significar para quienes, de este lado de la vereda, fueron protagonistas y víctimas directas del plan sistemático de represión. Algo indecible para ellos, para ellas; para quienes de alguna manera no habían podido procesar en sus recuerdos todo lo que había sucedido, todo lo que habían sido y por lo que habían luchado; no sólo en aquel entonces, sino en todo este tiempo en que sus memorias se fueron construyendo y reconstruyendo. Una situación que se vuelve muy difícil de manejar para quienes intentamos historiar aquel pasado que aún reclama justicia y verdad. ¿Hasta dónde contar? Como dijo el poeta: ¿Qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?

No pretendo aquí teorizar al respecto, ni siquiera llegar a ninguna conclusión. Sólo decir que cuando por primera vez publiqué este escrito, la cuestión de la indecibilidad se volvió real, y me hizo reflexionar al respecto. Hoy vuelvo al ruedo, revisitando aquel escrito. No está de más destacar, además, que parte de esta investigación también fue realizada por un colega historiador, José Echenique, quién pronto publicará un libro que esperamos ansiosamente.

Hay datos que entonces omití e hipótesis que hoy pretendo explicar mejor, en un escrito que no aspira a ser exhaustivo ni mucho menos definitivo. Sólo un texto para socializar cierto conocimiento histórico que se mece temeroso entre múltiples memorias que duelen.  Un breve artículo, sintético más no simplificado, de lo que sin dudas fue el operativo militar más intenso realizado durante la instauración del terror estatal en la región. Cada caso referido merece un tratamiento mucho más extenso e intenso, pero es imposible hacerlo aquí y por eso la brevedad. Es esta una sencilla crónica en la que se pretende reivindicar la militancia elegida por miles de hombres y mujeres que en todo el continente buscaron construir un lugar mejor; pero que durante mucho tiempo fue –y sigue siendo- manipulada para justificar la masacre perpetrada por el terrorismo estatal.

Algo que no quedó muy claro aquella vez, en aquel artículo que refiero, fue que el relato que se presenta da cuenta básicamente de la hipótesis represiva militar. Una perspectiva, entre otras. Es una elección de quién escribe, para tratar de comprender cómo pensaban los perpetradores de lo que fue, en los términos del sociólogo Daniel Feierstein, un verdadero proyecto social genocida.

 Aquel texto, revisitado, es el que sigue  a continuación:

Al atardecer del sábado 12 de junio de 1976 cinco sujetos ingresaron a la vivienda de la familia Seguel, en Cutral Có. Preguntaron por “Silvia” y mostraron una foto de Arlene, el nombre real de aquella muchacha de tan sólo 21 años. Ella no estaba en casa, pero minutos más tarde llegaría y se encontraría con sus secuestradores. Estudiaba Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue y militaba en el PRT. Nunca más se la volvería a ver. Comenzaba así la fase “Cutral Có” del Operativo PRT-ERP, durante la cual el Ejército, la Policía Provincial y presumiblemente la Federal, secuestrarían a alrededor de una veintena de jóvenes estudiantes y trabajadores de aquella localidad.

Pero aquel raíd represivo no comenzó allí sino tres días antes, cuando el Ejército decide iniciar en Neuquén capital un violento operativo de secuestros con el objetivo de desmantelar una célula del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que de acuerdo a su hipótesis de conflicto de los militares se estaba consolidando en la región. Hacía tiempo que el Comando y la Policía venían haciendo tareas de Inteligencia, y ya se había corrido el rumor dentro de esas fuerzas de que este operativo era inminente. Y así fue. Cuando la tarde caía en aquel miércoles 9 de junio de 1976, desde el Comando se ordena iniciar la acción. Tenían información de que integrantes de aquella fuerza política trabajaban y/o estudiaban en la Escuela de Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue, y que estaban vinculadas a un reconocido grupo de teatro de la región. Los represores sabían, quizá lo sospechaban, que no todas sus víctimas estaban directamente vinculadas con el PRT-ERP, pero eso no les importaba en absoluto. Lo primordial era que no quedara nadie afuera. Incluso, como efectivamente sucedió, militantes de otros partidos políticos y organizaciones sociales que de alguna manera estaban relacionados con aquellos/as.

Aquella tarde, un grupo de secuestradores integrados por miembros del Ejército y de la Policía Federal secuestrarían primero a Alicia Villaverde, mientras estaba trabajando en la oficina de Compras de la Subsecretaría de Obras Públicas de la Provincia. Casi al mismo tiempo, otra comisión de detención se llevó de la casa de la docente de Servicio Social, Susana Mujica, a Cecilia Vecchi, Darío Altomaro y Lucio Espíndola. Susana no estaba en su casa y recién la encontrarían allí cerca de la medianoche. Finalmente también se la llevarían secuestrada y, al igual que su alumna Cecilia, aún hoy permanecen desaparecidas. Alicia, Dario y Lucio eran miembros de la compañía de teatro “Génesis”, muy reconocida en aquel entonces y sobre la cual el Ejército había estado realizando tareas de Inteligencia. Hay pruebas, también, de que Susana y Cecilia no sólo compartían espacio y tiempo en la carrera de Servicio Social de la UNCo, sino que eran activas militantes del PRT. Sea por relación familiar, amistosa o de militancia, todos ellos estaban vinculados entre sí. También estaban relacionados con Alicia Pifarré, reconocida actriz y compañera de Alicia, Darío y Lucio en el grupo “Génesis”. “La Pifa”, como le decían, además de actuar y cantar militaba en el PRT junto con Susana y Cecilia. Y como ellas también continúa desaparecida. Fue secuestrada por personal de la Policía Federal aquella noche del 9 de junio, junto con su amiga Alicia Figueira mientras iban en auto rumbo a la universidad.

Esa misma tarde del 9 de junio también sería secuestrado Eduardo París, por personal de las policía de las provincias de Río Negro y Neuquén. Eduardo trabajaba en el Banco Los Andes y militaba en el Partido Intransigente. Ya había sido detenido unos meses antes del golpe, y llevado a la Comisaría 24° de Cipolletti donde fue interrogado por su militancia. En esta segunda oportunidad, fue llevado directamente a la Delegación de la Policía Federal y luego al campo de concentración “La Escuelita” de Neuquén, donde fue torturado con picana eléctrica y sometido a simulacros de fusilamiento, al igual que el resto de las víctimas. Finalmente sería trasladado a “La Escuelita” de Bahía Blanca  junto con el resto de los detenidos en este raíd delictivo.

Dos días después, el 11 de junio, el raid delictivo continuará su tarea. Esta vez, fueron en busca de Mirta Tronelli, quien estaba en su lugar de trabajo en la Dirección de Turismo Social, que estaban ubicadas en la galería Española. Mirta era alumna de Susana Mujica en la Escuela de Servicio Social, y desde que supo que no había noticias de su gran amiga Cecilia Vecchi comenzó a buscarla. Su padre la acompañó todo el tiempo. Luego de pasar por la Comisaría para ver si había noticias de Cecilia, Mirta volvió a su trabajo, y de allí se la llevaron. Era cerca del mediodía y los secuestradores habían ido antes a la escuela donde daba clases, en Sargento Vidal. Mirta aún hoy continúa desaparecida. Al igual que su amiga y que su profesora, fue identificada por última vez en el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Muerte “La Escuelita” de Bahía Blanca. Antes había pasado, junto con sus compañeros y compañeras, por “La Escuelita” de Neuquén ubicada en los fondos del Batallón Ingeniería de Montaña VI, ubicado sobre ruta 22.

En términos castrenses, espacios de reclusión como La Escuelita eran conocidos como Lugar de Reunión de Detenidos Transitorios (LRDT), y jurídicamente hoy se los identifica como Centro Clandestino de Detención. Pero eran más que eso. Allí era constante la tortura en sus más diversas formas; los abusos y las violaciones; la decisión sobre la vida y la muerte de quienes allí eran llevados. Pocos, muy pocos lograron zafar de eso. Y muchos fueron vistos con vida allí por última vez.

§

Aquel viernes 11 de junio también fue allanada la casa de Gladis Sepúlveda, en Cipolletti. Como ella no estaba los represores dejaron detenida e incomunicada a su familia, hasta tanto Gladis se entregara. Gladis era maestra, estudiaba Servicio Social y trabajaba en la Universidad.  También militaba en el PRT. Tres días más tarde se presentaría en la Comisaría 24° de Cipolletti, donde quedó detenida a disposición del Comando, y luego trasladada a la U9. Allí se encontraría con algunos/as compañeros/as y seguiría el mismo derrotero que ellos/as. El 11 de junio día detendrían además a Virginia Recchia y Carlos Schedan. Aquella noche, una comisión de detención se presentó en el domicilio de este matrimonio en busca de Carlos, quien, como los militares bien sabían, años antes había militado en el PRT tucumano. Él no estaba en casa y se llevaron a Virginia y a su hija de dos años, a quien pudo dejar en casa de unos amigos camino a la Alcaidía neuquina. Apenas se enteró, esa misma noche, Carlos fue a la Federal a averiguar por su compañera, y allí fue secuestrado por una patota al mando del comisario Jorge Ramón González. Sería visto con vida por última vez en “La Escuelita” de Bahía Blanca.

Élida Sifuentes y Nora Rivera también estudiaban Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue y fueron secuestradas al día siguiente, al igual que Eva Libertad Garrido; el mismo 12 de junio en el que comenzaría la fase Cutral Có del operativo represivo para eliminar todo vestigio real o potencial del PRT-ERP. Aquel día, también fue secuestrado el periodista Jorge Asenjo en Cinco Saltos, quien también militaba en el PRT y permanece desaparecido.

El operativo no cesó un instante en su búsqueda de jóvenes real o potencialmente militantes revolucionarios. Más allá de que todos y todas lo hayan sido, o no. El plan del ejército estaba en marcha, y aún faltaba mucho para que terminara. El mismo 12 de junio un primer grupo de represores ya estaba en Cutral Có para secuestrar a Arlene Seguel, y retomaría sus tareas en la madrugada del lunes 14. Esta vez, para llevarse ilegalmente detenido a Carlos Cháves, quien se encontraba durmiendo en la casa de sus suegros. Un rato antes de ello, cerca de las 3 de la mañana, el comando había iniciado su raid rompiendo una ventana de la casa de Herminio Mario Fuentes, forzándolo a abrir la puerta a punta de pistola. Los secuestradores tenían el dato de que allí se habían realizado reuniones políticas del ERP encabezadas por un hombre apodado “Cacho”. Pero Cacho no estaba. Quien usaba ese “nombre de guerra” era Julio Isabelino Galarza, y ya había huido de Cutral Có apenas se enteró del secuestro de Arlene, su compañera militante, ocurrido dos días antes. Finalmente, “Cacho” sería secuestrado y desaparecido un año más tarde en otra parte del país por las fuerzas represoras que en aquel entonces gobernaban el territorio. Los integrantes del grupo de tareas no tenían muy en claro quién era Cacho, pero sí que las reuniones que se habían realizado en el galpón que Fuentes tenía al fondo de su casa había estado Carlos Cháves junto con otros militantes, por quienes irían unas horas después.

Según los represores, los jóvenes Pedro Daniel Maidana, José Delineo Méndez, Octavio Méndez, Sergio Méndez Saavedra, Dora Seguel y Miguel Ángel Pincheira integraban una supuesta célula del PRT-ERP junto con Arlene Seguel, Carlos Chaves y Julio Isabelino Galarza, entre otros. Y ese grupo estaba, por lo menos, conectado con Neuquén a través de Arlene -estudiante de la carrera de Servicio Social en la UNCo- y, desde allí, con un grupo de compañeras de esa carrera y trabajadoras de la universidad. Evidentemente, dentro del raid delictivo cayeron muchos hombres y mujeres que ni siquiera en los informes castrenses estaban vinculados directamente a aquella organización política. Pero eso mucho no importaba. Bastaba con ser amigo/a, conocido/a o sólo haber compartido alguna reunión de militancia social que haya quedado registrada en las tareas de Inteligencia militar o policial, para ser una potencial víctima de la represión. Tanto de este operativo que estamos dando cuenta aquí, como de todos los que hubo durante la última dictadura cívico-militar.

El operativo fue llevado a cabo de manera coordinada por grupos de tarea y comisiones de detención, que no eran lo mismo aunque secuestraban igual. Estas últimas estaban conformadas por personal del Ejército y de la Policía, quienes actuaban vestidos de civil o con uniforme, y generalmente se identificaban al practicar las detenciones. Actuaban apoyados por personal policial y/o militar y vehículos con identificación oficial. En cambio, los grupos de tarea operaban de manera clandestina y mucho más violenta, en vehículos civiles, sin identificación o con identificaciones falsas, y sus integrantes actuaban vestidos de civil, con el rostro oculto (utilizando capuchas, bufandas, pañuelos) o directamente disfrazados. Estos grupos solían estar conformados por personal civil dependiente del Ejército y de la Policías Federal y Provincial, y hay testimonios que indican que posiblemente hayan participado sujetos que no eran integrantes de ninguna fuerza armada, a cambio de dinero o influencias.

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Al anochecer de ese lunes 14 de junio, la etapa más intensa del operativo Cutral Có se ponía en marcha. Al menos catorce hombres y una mujer serían secuestrados en poco más de ocho horas, por tres comisiones de detención que actuaron conjuntamente con sendos grupos de tareas. El centro de operaciones sería la Comisaría Cuarta de Cutral Có (actual 14°) cuyo jefe era el comisario Héctor Mendoza, detenido recién el año pasado luego de estar prófugo desde que se ordenara su arresto en agosto de 2008. Desde la capital neuquina viajaron ese día el capitán Roberto Maier, entre otros oficiales y suboficiales, apoyados por decenas de soldados del Ejército y agentes de la Policía Provincial. El Jefe de la División II de Inteligencia, el teniente Oscar Lorenzo Reinhold también estuvo en la comarca supervisando el accionar represivo.

Apenas habían pasado las 20, un grupo de tareas irrumpió en la casa de Sergio Méndez Saavedra, quien fue sujetado violentamente a punta de pistola y obligado a subir a un vehículo particular para ser llevado rumbo a la Comisaría: allí serían llevadas una a una las víctimas de este operativo para comenzar a ser torturadas. Junto a él estaba Carlos Cháves, desfigurado y prácticamente irreconocible por los golpes y la tortura. Minutos más tarde, en otra parte de la ciudad una comisión de detención ingresaba junto a un grupo de tareas en la vivienda de la familia Méndez en busca de José Delineo. Pero no lo encontrarían allí ya que estaba haciendo el servicio militar en Junín de los Andes, donde igualmente sería detenido sólo unas horas más tarde. De la casa de los Méndez, la comisión de detención se dirigió rumbo a la Escuela Comercial Nocturna Margarita Paez de Cutral Có, donde detuvieron a Octavio Omar Méndez, el hermano de 15 años de José Delineo, y a Dora Seguel, que tenía 16.

Prácticamente al mismo tiempo, un grupo de tareas irrumpía en el domicilio de la familia Maidana en busca de Pedro, a quien no encontrarían ya que estaba ingresando a clases en la ENET N° 1 de Plaza Huincul. A quien sí se llevaron de esa casa fue a su hermano de 17, Juan Carlos, con la expectativa de obtener información a fuerza de tortura.

Mientras esto sucedía, otra comisión de detención comandada por el capitán Roberto Maier se llevaba detenido a Pedro Maidana de la ENET, frente a los ojos testigos de varios de sus compañeros. La casa de la familia Seguel, al mismo tiempo, sería nuevamente allanada por militares que se llevaron a José Elizalde, padre de las hermanas ya detenidas, rumbo a la Comisaría Cuarta de Cutral Có ubicad en Carlos H. Rodriguez 230. En esa seccional, en espacio de una hora, confluirían todas las víctimas. Lo mismo sucedería, aunque no hay precisiones al respecto, con una persona llamada Rubén Bascuñán y un hombre de apellido Ortega. También sería detenido en su domicilio Miguel Angel Pincheira, y trasladado alrededor de las 21 a la Comisaría

Así, a esta altura de la noche, sólo quedaban por detener Guillermo Almarza, Francisco Tomasevich y Emiliano Cantillana, quienes serían aprehendidos violentamente en sus hogares, durante la madrugada del martes 15 por fuerzas del Ejército y de la Policía de Neuquén. Los tres fueron llevados junto a los demás a la unidad policial que ofició de verdadero Centro Clandestino de Detención y Torturas. Allí, todas las víctimas fueron golpeadas salvajemente mientras eran interrogadas acerca de vinculaciones propias y ajenas a la política. Algunos con tal intensidad, como Pedro Maidana, que tuvo que ser llevado al Hospital para ser atendido.

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Al amanecer del martes 15, casi todos los jóvenes secuestrados serían subidos a un camión celular de la Policía Provincial, para ser trasladados en caravana rumbo a Neuquén capital. En el libro de Guardia de aquella Comisaría quedó expresado: “finalizó operativo, retirándose personal militar con destino Neuquén capital”.  Pedro Maidana sería llevado en una ambulancia por el estado en el que quedó luego de la tortura. Juan Carlos Maidana, Octavio Omar Méndez y José Seguel serían liberados ese día en aquella comarca y a José Delineo Méndez lo trasladaron directamente de Junín de los Andes a Neuquén, mientras que Argentina Seguel habría de ser detenida en esta capital mientras averiguaba por el paradero de su hermana detenida el sábado anterior.

Así, el operativo para eliminar el PRT ERP concluía su etapa de secuestros con por lo menos 16 personas detenidas violenta e ilegalmente en Cutral Có y otras tantas del Alto Valle. Según fue denunciado ante la justicia, ellos y ellas fueron Pedro Maidana, Juan Carlos Maidana, Dora Seguel, Argentina Seguel, Arlene Seguel, Carlos Cháves, Octavio Omar Mendez, José Delineo Méndez, Sergio Mendez Saavedra, Miguel Angel Pincheira, José Elizalde Seguel, Francisco Tomasevich, Guillermo Almarza y Emiliano Cantillana. Varios de ellos mencionan haber visto también detenidos en las mismas circunstancias a Rubén Bascuñán y una persona de apellido Ortega, pero sus casos no han sido aún denunciados. En el Alto Valle, las víctimas de este operativo fueron Susana Mujica, Alicia Pifarrré, Alicia Villaverde, Eduardo París, Darío Altomaro, Lucio Espíndola, Cecilia Vecchi, Mirta Tronelli, Alicia Figueira, Gladys Sepúlveda, Eva Garrido, Elida Sifuentes Nora Rivera, Virginia Recchia, Carlos Schedan y Jorge Asenjo.

La mayoría de ellos pasaría primero por la U9 y luego por La Escuelita de Neuquén. Algunos habrían de ser llevados también a La Escuelita de Bahía Blanca y luego a la U6, la cárcel de Rawson. Arlene Seguel, Miguel Angel Pincheira, José Delineo Mendez, Carlos Cháves, Susana Mujica, Alicia Pifarrré, Cecilia Vecchi, Mirta Tronelli, Carlos Schedan y Jorge Asenjo aún permanecen desaparecidos.

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8 respuestas a Un plan para eliminar al PRT-ERP del Comahue (revisitado)

  1. Ivana dijo:

    Muy bueno Pablo, saludos, Ivana

  2. Horacio dijo:

    Gran investigación, Pablo.

    Abrazo

  3. beto dijo:

    completisimo como siempre pablo

  4. Marcelo dijo:

    Excelente Pablo. Abrazo

  5. Nadia Paris dijo:

    Pablo! A esta altura ya no se si es olvido o “error voluntario”.. Casualmente falta el caso de Eduardo Paris entre toda la razzia de Junio de 1976 que reescribiste??
    Por otra parte, en tu rol de intelectual podras plantear todas las diferencias que te parezcan respecto a si lo sucedido en nuestro pais fue o no un GENOCIDIO y abiertos continuan todos los ambitos para profundizar las diferencias, y aun se esperan los solidos argumentos en contra de nuestra lucha.. Ahora, en tu rol de funcionario de la Fiscalia Federal de Neuquen es una verguenza que hayan ignorado el reclamo de los organismos de DDHH, familiares, victimas, organizaciones politicas, sociales y gremiales de que se reconozca en la causa judicial que en nuestro pais y en nuestra region SE LLEVO A CABO UN GENOCIDIO. Siendo tu responsablidad la reconstruccion historica de lo sucedido, me parece una tomada de pelo que hables aca de “un verdadero proyecto social genocida” si desde el lugar que ocupas en la “justicia” NEGASTE LA EXISTENCIA DE TAL GENOCIDIO. “Si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia.. la verdadera historia”

    • Nadia, no fue ni olvido ni error voluntario. Di cuenta de los casos que de alguna u otra manera tenían vinculación con el PRT-ERP. Así se llama, de hecho, el artículo. Pero tenés razón y por eso acabo de editar la nota: Eduardo también fue víctima de esa misma razzia, y ahí lo enmendé.
      Respecto a lo demás: primero, no entiendo qué lucha decís que estoy en contra: nunca negué que haya habido un genocidio y nunca confronté con NINGUNA lucha de compañeros. En tal caso, en espacios de militancia (que creo que deberían servir también para debates intelectuales, espero no equivocarme) he planteado mis dudas respecto a esa categoría, pero, vuelvo a insistir, nunca la negué. Me extraña…
      Segundo, deberías saber (creí que lo sabías) que no soy “funcionario” de la Fiscalía. Sólo soy un empleado que, dicho sea de paso, al no ser abogado ni siquiera me pagan el título que tengo de licenciado en Historia. O sea.
      Insisto, ni en términos personales, ni académicos, ni desde mi rol de empleado de la Fiscalía (donde efectivamente trabajo “en la reconstrucción histórica de lo sucedido”) he negado la existencia de un genocidio. Si la Fiscalía no imputó por genocidio -tampoco lo hizo ninguna de las querellas, salvo el Ceprodh, te lo recuerdo- es porque consideró que no se podía técnicamente imputar por tal delito, más allá de lo que yo piense o deje de pensar. Insisto, me extraña…
      Si acá doy cuenta de un proyecto social genocida, es porque creo que sí lo hubo, más allá de mi trabajo como empleado del Ministerio Público Fiscal, o de las diferencias que puedo tener con Daniel Feierstein. O está mal disentir?
      Saludos.

  6. No estaría mal que precisaras las diferencias con la noción de genocidio,Pablo; eso airearía la discusión, la haría más definida. Ahora impresiona como un “sí pero no” o viceversa.

    En cuanto a que la Fiscalía se halló técnicamente inválida para imputar genocidio…es muy discutible. Sobre todo en un juicio que es, antes que nada, un juicio político. Y cuya operatoria – incluidas las escenificaciones – es pirotecnia política, puro campo de marcación simbólica. Sus sentencias ratoneras , que hasta se atreven a “apretar” a los testigos-víctimas, ya son política del presente. Y “hacen ruido”,un ruido muy particular : el de amartillar las armas de la represión. A este paso Poblete y los canas desaparecedores de Solano en Choele Choel van a resultar ser presos políticos.
    Que nadie se alarme de más : la represión seguirá siendo muy selectiva, muy “preventiva”, como si la dirigiera Obama , y los letrados explicarán a los iletrados que son los costos de la democracia y la justicia realmente existentes, lo mejor de lo posible.

    Pero si damos vuelta el embudo y nos ponemos a mirar desde lo finito para lo ancho- al revés que con la TV y las noticias- los juicios Escuelita II han revacunado con una “dosis de recuerdo” (¡así se llaman en medicina!!) del santo Terror a Neuquén y al país entero.
    Es que la gente, además de otros defectos, es muy olvidadiza, y si se destiñen los recuerdos, se aflojan las Obediencias Debidas de-por-vida.
    Por eso cuando no hay juicios “de la verdad” hay “inseguridad” y policialización noticiosa, y de la vida cotidiana. O al menos catástrofes lejanas (o no tanto, como la de Once y Cromagnon).
    Todas nos confortan a contragolpe de tanto miedo permanente : solo los muertos no tiemblan.
    ¡ Horroricémonos, que estamos vivos ! ¡ Y, funerarios a tiempo completo, sigamos obedeciendo!

    de Carlos Drummond de Andrade, escritor brasileño del siglo XX

    CONGRESO INTERNACIONAL DEL MIEDO

    Provisoriamente no cantaremos al amor,
    que se refugió por debajo de los subterráneos.
    Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos
    No cantaremos al odio porque éste no existe,
    existe apenas el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
    el miedo grande de las estepas,de los mares,de los desiertos
    el miedo de los soldados,el miedo de las madres,el miedo de las iglesias
    Cantaremos al miedo de los dictadores , al miedo de los demócratas
    cantaremos al miedo a la muerte y al miedo de después de la muerte,
    después moriremos de miedo
    y sobre nuestras tumbas crecerán flores amarillas y medrosas.

    • Hola Ernesto. No es tarea sencilla. No por nada los únicos trabajos serios que hay al respecto son los de Daniel Feierstein (y su gente), y ninguno de quienes niegan la conceptualización de genocidio para el caso argentino, más allá de una o dos líneas que se ajustan a la definción de la ONU. En mi caso, no lo descarto, y sólo me he permitido dudar del alcance de su utilización en términos analíticos. Dicho de otra manera, si me preguntan si hubo o no un genocidio en Argentina, y si tuviera que responder rápidamente, desde la trinchera, desde mis convicciones políticas e ideológicas, digo que sí, y que tal término puede resultar apropiado para caracterizar lo ocurrido en los setentas en el país. Es indudable que hubo un proyecto político, económico y social pergeñado y perpetrado por las Fuerzas Armadas, empresarios, sectores de la Iglesia y funcionarios públicos y judiciales -con el apoyo de una gran parte de la sociedad- basado en el exterminio y la desaparición selectiva de miles de personas, y en la aniquilación moral y psicológica de otros tantos a partir de la difusión del terror. Y mirado tanto desde el punto de vista de los perpetradores, como de las víctimas, desde los objetivos tanto como desde las consecuencias, es posible ver en todo este proceso elementos propios de un genocidio. Sin embargo, como historiador, no puedo dejar de problematizar este concepto que en muchos aspectos, lamentablemente, ha sido banalizado y vaciado de contenido.

      Tanto desde el punto de vista del derecho positivo, para el cual el genocidio es un delito compuesto por una multiplicidad de delitos muy específicos, como para la historia y la sociología, para las cuales es posible ver en él mucho más que un tipo penal y atender en cambio a determinados procesos sociales y políticos, el análisis se vuelve más complejo. Desde esta perspectiva es que prefiero -sin negarlo, en absoluto- ser prudente y no abusar de su utilización. Si bien hay algunos elementos que establecen líneas de vinculación entre el caso argentino y el alemán, son más las diferencias que distinguen a uno y otro (algo que reconoce el propio Feierstein). Generalmente, cuando se habla de genocidio argentino, especialmente desde el sentido común, se lo compara directamente con el judío (incluso poco menos con el armenio); y así, la representación social, el imaginario que se construye y circula al respecto terminan ligando directamente a uno con otro. Y se pierde así la posibilidad de analizar, explicar y comprender las especificidades del proceso represivo que vivió nuestro país. Ni que hablar de las particularidades que dentro de ese plan de exterminio adoptaron las diferentes regiones, en nuestro caso la entonces denominada Subzona 52.

      Respecto al rol de la Fiscalía, no hay dudas del cariz político que tiene un juicio como este. En tal sentido, no olvidemos que es un organismo estatal que depende del Ministerio Público Fiscal, y que desde allí emanan ese tipo de decisiones, frente a las cuales son los propios fiscales los que terminan decidiendo qué firman y qué no. Y yo me pregunto, para agregarle a tu pregunta: si las propias partes querellantes, por fuera del Ceprodh, no requirieron por genocidio… esperamos que lo haga un organismo estatal? Es cierto que ha habido jueces que condenaron “en el marco de un genocidio”. Y es realmente muy bueno, sobre todo en términos de construcción de memorias. Pero sabemos que son la excepción que confirma la regla.
      En términos técnicos, lo discutible o no se reduce a dos opciones: Si (políticamente) se ajustan al Código, el delito de genocidio no estaba tipificado al momento de los hechos, ergo no se puede imputar por él. Pero, y por eso pongo entre paréntesis lo de político, una lectura política de las Convenciones y sus reconocimientos constitucionales previos al golpe sí lo hubieran permitido. Y es (políticamente) mucho más ajustado a derecho, técnicamente, hacer lo primero. Me parece…
      ((Aclaro ante la posibilidad concreta de lecturas distraídas: lo que acabo de decir es un intento de análisis somero y rápido, con la idea de tratar de comprender ciertas acciones. No es una justificación ni una toma de partido))
      Gracias por el debate.
      Saludos.

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