Recuerda Alicia



Joan Miró - MujerRecuerda Alicia que sintió mucho miedo. “Desde temprano mis jefes sabían que ese día me iban a ir a buscar. Pero no me dijeron nada”. Trabajaba en la secretaría de Obras Públicas, y la idea era que no pareciera que desde allí la habían marcado y entregado. Por eso la hicieron salir a la calle, con su guardapolvo blanco. Pero apenas pisó la vereda dos tipos de civil la tomaron de los brazos. “Grité. Grité muy fuerte porque me había asustado y creí que me iban a matar. La gente que pasaba por el lugar se acercó a ayudarme, y fue recién ahí que los tipos se identificaron”. Eran de la Federal, y estaban haciendo un operativo.

Arriba del auto le vendaron los ojos, y no volvió a ver durante los siguientes diez días. La oscuridad se hizo palpable tanto como el terror de no saber si volvería nuevamente a ver la luz del sol. “Creo que me llevaron a la Policía Federal, ahí en la Santiago del Estero. Recuerdo sus voces; arrastraban las eses como si fueran porteños. De ahí me subieron a un avión. Había otras mujeres también.

Cuenta Alicia que la llevaron a Bahía Blanca.En realidad, no supe que estábamos allá sino hasta después de que nos largaron. Ellos todo el tiempo nos decían que estábamos en Tucumán.Ustedes los del ERP querían estar en Tucumán, ahora están en Tucumán, ¿que tal?, nos decían los milicos.Encima ustedes tienen un santo propionos decían. Se llama San Tucho”.

Alicia cree que la llevaron porque los represores estaban convencidos de que el teatro era una mascarada para otras actividades políticas que hacía el grupo en el que ella estaba. Obviamente que nosotros teníamos nuestra ideología y una postura política que se reflejaba en las obras, pero sólo hacíamos eso: teatro”. Es cierto también que Alicia en ese entonces hacía tareas de prensa para el PRT, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, pero duda que ese haya sido el motor del secuestro.

Se le ensombrece el rostro a Alicia cuando recuerda cómo sobrevivió esos diez días en los que estuvo desaparecida. Tuvimos que estar todo el tiempo con los ojos vendados. Por las voces pude indentificar a Alicia Pifarré y a Susana Mujica. Todo el tiempo nos decíansi querés salvarte, no tenés que ver. Si ves, te morís. Estábamos en lo que parecía ser una cuadra donde duerme los soldados. Había muchas camas cucheta y la dejábamos sólo para ir al baño y al interrogatorio. Algunas veces comí, no recuerdo bien. Metía la mano en una cosa pastoza pero no podía saber qué era. Pero tenía frío, mucho frío. Todo el tiempo. Era junio y yo sólo estaba con el guardapolvo blanco que usaba para trabajar”.

Alicia confiesa que le molestó su belleza tanto como ser conocida. Era una actriz teatral de 25 años que asiduamente ocupaba un lugar en la sección de espectáculos de los diarios regionales. Estando en cautiverio, quiso no ser mujer y volverse invisible. Porque en situaciones como las que vivió las mujeres la pasan doblemente mal: por ser secuestradas y por ser mujeres. Porque los secuestradores son hombres y el maltrato y el abuso se torna con ellos mucho más desgarrador.

Recuerda Alicia que la torturaron. Si. Y se queda en silencio.

Aún escucha al cerrar los ojos los sonidos de la oscuridad. Los pasos de los guardias y sus preguntas como balas durante los interrogatorios. Recuerda el murmullo de las otras detenidas; las voces de Alicia Pifarré -“la Pifa”- y Susana Mujica; voces que nunca nadie más volvería a escuchar. El sonido de la espera que se hace eterna y la incertidumbre de no saber cuándo se va a terminar. Ni cómo.

Cuenta Alicia que trataba de no perder la dimensión del tiempo. Porque al no poder ver no sabés si es de día o de noche, y yo estaba segura que era importante estar conciente de eso. Sabía que la única manera de vencer el miedo era usando la razón, y por eso trataba de pensar en lo que podía. Pero a veces no podía pensar más que en mis hijos.

Un día vino el que la iba de bueno y me dijo que me iban a largar –recuerda Alicia. Porque siempre hay uno que la va de bueno. Esa fue la última vez que hablé con la Pifa. Me dijo que por favor cuidara a Eleo y a César. Ella quería y trataba a mis hijos como si fueran suyos. Y yo me quedé tranquila porque pensé que también la iban a largar a ella. Pero no fue así. La Pifa nunca más apareció.

Recuerda Alicia que la subieron a un auto con otra mujer que también estaba detenida. Les pusieron una capucha en la cabeza y las sentaron en la parte de atrás. Recuerdo el frío. Viajamos un largo rato y en un momento pararon y nos dijeron que bajáramos. Tenía mucho miedo porque pensé que nos iban a matar. Nos pusieron plata en el bolsillo y nos pidieron disculpas. A todos les decían lo mismo.

“A todos les decían lo mismo”, repite lentamente, y piensa cómo alguien puede negar que el secuestro y desaparición de personas fue un plan sistematizado y claramente planificado. “Después nos dijeron que contáramos hasta cien y recién después nos sacáramos la capucha. Que íbamos a ver la luz de una estación de servicios y que fuéramos para allá. Obviamente que contamos hasta cien.

Al llegar a la estación comenzó nuevamente el acoso para Alicia y su compañera. El lugar estaba lleno de camioneros y ellas eran dos mujeres solas salidas de la nada. Nadie se acercó a auxiliarlas ni a preguntarles de dónde venían o qué les pasaba. Sólo querían que subieran a sus camiones. Y que lo hicieran de a una.

Aún recuerda Alicia cuando por primera vez volvió a mirarse en un espejo. Fue en el baño de esa estación de servicios cuando vio un rostro suyo que no conocía. Tenía marcas alrededor de sus ojos provocadas por las ajustadas vendas. Marcas que no salían con agua y no se olvidarían con el tiempo. Como las marcas que vio más tarde en su cuerpo cuando luego de diez días pudo volver a bañarse. Marcas de golpes, de palos y de labios.

Volver a Neuquén fue duro para Alicia. Cuenta que mucha gente cruzaba a la vereda contraria cuando la veían venir. Personas que me conocían por mi actividad teatral me dejaron de saludar, por temor a que les pasara a ellos lo que me pasó a mi. En el diario había salido la noticia de nuestros secuestros, así que todos estaban al tanto. Pero todos me ignoraban. Pasé de ser la niña mimada del teatro a ser tratada como una leprosa. Neuquén me trató muy mal. Sabía que tenía que seguir mi vida porque era el único sostén de mi madre y mis dos hijos. Pero era una paria y en todos lugares me lo hacían notar. Sobre todo en el trabajo.

Pocos días después de su regreso la Policía Federal la citó. Sentí un miedo terrible. Cuando me paré frente a la puerta de ese lugar me quedé paralizada. Allí me dijeron que si abría la boca me iban a matar. Encima no conocía a quienes me habían tenido secuestrada y pensaba que podía estar hablando con uno de ello y no saberlo. Ellos me conocían a mi y ya me habían dicho que si algún día alguien que yo no conocía me llamaba por mi nombre, que pensara que podía ser uno de ellos. Y que pensara que algo le podía pasar a mis hijos. Eso le dijeron, y esas palabras no dejaban de aterrorizarla.

Estuvo un año y medio en una finca mendocina de una amiga suya. Podaba árboles con la esperanza de cansarse para que Morfeo la encerrara rápidamente entre sus brazos. El problema era la oscuridad. Tenía pesadillas y cuando llegaba la noche sólo quería acostarme dormirme. Pero tardaba en hacerlo y se volvía una tortura.

Alicia que no tuvo más opción que irse del país. Recuerda que no se sentía a salvo en esta ciudad que ahora la desconocía y que amenazaba por todos lados con matarla a ella, a su hijo y a su hija. Recuerda que tuvo que vender hasta lo que no tenía e incluso pedir dinero prestado para poder sacar los tres pasajes. Recuerda Alicia que fue en México donde pudo seguir con su vida, y que en esas tierras aztecas se quedó hasta 1989.

Recuerda, con algo de pena, que muy poco extrañó.

(Escrito y publicado en (8300) Periódico de Neuquén, en julio de 2006. Alicia es Alicia Villaverde, una reconocida actriz y directora de teatro de Neuquén que estuvo secuestrada y desaparecida durante la última dictadura militar. Finalmente logró sobrevivir; y me contó su historia una tarde de otoño, 30 años después de su secuestro)


Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Recuerda Alicia

  1. Miriam dijo:

    Vuelvo a leerla y parece que fuera por primera vez, se debe a la sutileza de la escritura. Gracias Gato.

  2. Fernando dijo:

    De 10, Gato! Abrazo. Fer

  3. ariel velez dijo:

    Gato que placer leerte. Un abrazote hermanito

  4. Horacio dijo:

    Crudo y sin concesiones. Excelente testimonio.

    Saludos

  5. Melina dijo:

    Excelente. Comparto.

  6. Marcelo dijo:

    Vuelvo a leerla y regreso al momento después en que Alicia pudo por fin dar por primera vez su testimonio en la Justicia. Luego todo lo demás… Gracias Pablo.

  7. hubert dijo:

    Genial scattigol.

Dejá aquí tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s